Textos Maior

  • Permitir que nuestro mundo se trastoque

    «¡Qué fácil nos resulta en tiempo de bonanza, volvernos dependientes de nuestras rutinas, del orden establecido en nuestra existencia cotidiana, y dejarnos llevar! Empezamos a no dar valor a las cosas, a confiar en nosotros y en nuestros propios recursos, a “instalarnos” en este mundo y a buscar en él nuestro punto de apoyo. Todos tendemos demasiado fácilmente a asociar nuestra satisfacción con un sentimiento de bienestar, a buscarla únicamente en nuestra comodidad. Estamos rodeados de amigos y de cosas, a un día le sucede otro y gozamos de cierta salud y felicidad. No hay que desear mucho las cosas de este mundo (más…)

  • Las olas y el mar

    «Las olas vienen y van, nadie las puede aferrar, nunca pueden ser calculadas de antemano. Si se intenta perseguir a las ondas que se acercan y vuelven a su origen, la mirada fracasa y debe darse por vencida. El mar como imagen de lo infinito, de la eternidad. Las olas como el momento que viene y pasa, pero siempre de nuevo está allí y algo exige. La misión viene del Dios infinito impregnada de eternidad y se despliega en decisiones y respuestas rápidas, momentáneas. En la orilla se tiene la impresión conmovedora de ser aferrado por un acontecimiento eterno. Y si nos sobresalta la angustia por haber descuidado una ola, por haber dejado pasar una decisión a tomar, volvemos a tranquilizarnos pues siempre vienen nuevas olas y son exigidas nuevas respuestas, tan rápido que (más…)

  • Como un niño pequeño en una fiesta

    «Cuanto más se exploraba el equipaje de vacaciones del señor Smith tanto menos se sacaba en claro. Una particularidad suya consistía en que casi todo parecía estar allí por la razón equivocada; lo secundario para cualquier otro era de primera importancia para él. Envolvía una tetera o una sartén en papel de estraza, pero el irreflexivo ayudante descubría que la tetera no tenía ningún valor y hasta era innecesaria, y que el papel de estraza era lo realmente valioso. […]
    También exhibió unas seis pequeñas botellas de vino, e Inglewood, viendo por casualidad un Volnay que sabía que era excelente, supuso al principio que el desconocido era un epicuro de los vinos. Se quedó, por tanto, sorprendido al encontrarse con que la siguiente botella era un clarete horrible, […] y parecían haber sido escogidas únicamente porque lucían los tres colores primarios y los tres secundarios: rojo, azul y amarillo, verde, violeta y naranja. […]

    Smith era en realidad, hasta donde puede serlo la psicología humana, inocente. Tenía la sensualidad de la inocencia: le encantaba (más…)

  • Lleno de asombro y emoción

    «El mundo de los niños es fresco y nuevo y precioso, lleno de asombro y emoción. Es una lástima que para la mayoría de nosotros esa mirada clara que es un verdadero instinto para lo que es bello y que inspira admiración, se debilite e incluso se pierda antes de hacernos adultos. Si yo tuviera influencia sobre el “hada madrina”, aquélla que se supone preside el nacimiento de todos los niños, le pediría que le concediera a cada niño el don del sentido del asombro tan indestructible que le durara toda la vida, como un inagotable antídoto contra el aburrimiento y el desencanto de años posteriores, la estéril preocupación de problemas artificiales, el distanciamiento de la fuente de nuestra fuerza.

    Para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, sin contar con ningún don concedido por las hadas, se necesita la compañía de algún adulto con quien poder compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el (más…)

  • El perdón no es una varita mágica

    Existe un querer perdonar y un poder perdonar: a veces se quiere perdonar pero no se puede. Cuando se puede, cuando por fin la cabeza y el corazón terminan poniéndose de acuerdo, queda el recuerdo, esas cosas dolorosas que suben a la superficie, que perturban y reavivan el odio. Es el perdón de la memoria. No es precisamente el más sencillo. Exige mucho tiempo.

    Durante diez años, le he venido preguntando todas las mañanas a Martine: ¿Me quieres?”. No podía creer en su amor. Mi curación se ha producido en el largo plazo. Sí, se necesita tiempo. He tenido la suerte de encontrar a personas auténticas. Me han querido, aceptando la huella de mi pasado. Se atrevieron a admitir mi diferencia, mis sobresaltos de hombre herido. Escucharon mi sufrimiento, y me siguieron amando después de las tormentas. Ahora tengo conciencia de haber recibido.

    El pasado se despierta por efecto de un sonido, de una palabra, de un olor, de un ruido, de un gesto, de un lugar (más…)

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