Textos Maior

  • Dejar de buscarse

    «“Convertirse” significa: seguir a Jesús, acompañarle, caminar tras sus pasos. Pero insistamos en el hecho de que es Dios el que nos convierte. […]

    “Convertirse”, quiere decir: no buscar el éxito, no correr tras el prestigio y la propia posición. “Conver-sión” significa: renunciar a construir la propia imagen, no esforzarse por hacer de sí mismo un monumento, que acaba siendo con frecuencia un falso Dios. “Convertirse” quiere decir: aceptar los sufrimientos de la verdad.

    La conversión exige que la verdad, la fe y el amor lleguen a ser más importantes que el bienestar, el éxito, el prestigio y la tranquilidad de nuestra existencia; y esto no sólo de una manera abstracta, sino en nuestra realidad cotidiana y en las cosas más insignificantes. De hecho, el éxito, el prestigio, la tranquilidad y la comodidad son los falsos dioses que más impiden la verdad y el verdadero progreso en la vida personal y social. Cuando aceptamos esta primacía de la verdad, seguimos al Señor, cargamos con nuestra cruz y participamos en la cultura del amor, que es la cultura de la cruz. […] (más…)

  • Ahora más que nunca, necesitamos la esperanza

    Ciertamente la desesperación amenaza al corazón humano. Es la enfermedad mortal, según Sören Kierkegaard, mucho más grave que la muerte misma. Además es un mal especialmente de nuestro tiempo.

    Las ilusiones que nos forjamos parecen animarnos durante un trecho del camino. Surgen expectativas sobre lo que vendrá y nos sentimos animados. Pero las desilusiones amenazan continuamente, hasta el punto de que muchas veces terminamos por conformarnos con ir tirando adelante como toda expectativa.

    ¿Hay otra posibilidad? ¿Hay alternativa entre la desesperación y las ilusiones con sus falsas promesas? Esta alternativa es la esperanza. Podemos y debemos esperar, pero es necesario encontrar la esperanza que no defrauda, es necesario buscar los fundamentos de esa esperanza real, que es la vitalidad de nuestra libertad: en cada hombre hay algo de absoluto sin que él mismo lo sea. Un amor absoluto ha querido nuestra existencia.

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  • Un mundo grande

    «La verdad es que la exploración y el ensanchamiento hacen el mundo más pequeño. El telégrafo y el barco de vapor hacen el mundo más pequeño. El telescopio hace el mundo más pequeño: sólo el microscopio lo hace más grande. […] Los telescopistas estudian cosas grandes y viven en un mundo pequeño; los microscopistas estudian cosas pequeñas y viven en un mundo grande.

    Sin duda resulta inspirador dar la vuelta al mundo a toda velocidad en un automóvil, percibir Arabia como un remolino de arena o China como un relámpago de arrozales. Pero Arabia no es un remolino de arena y China no es un relámpago de arrozales.

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  • En lo que ocurre todos los días

    «Santa Embelesada, que te entusiasmaste al encontrar al Santo Niño
    haznos reconocer a Dios
    allí donde se encuentre la vida de un hombre.
    Santa Embelesada, que quedaste hechizada por acontecimientos tan pequeños,
    por personas tan pequeñas, por un niño tan pequeño,
    haz que reconozcamos la Historia sagrada
    en lo que ocurre todos los días.
    Santa Embelesada, que has entrado como tal en la historia sagrada,
    permite que de los instantes de tiempo
    hagamos acontecimientos eternos.

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  • El hombre se sabría hijo

    «¿Por qué el tiempo de nuestra infancia se nos aparece tan dulce, tan esplendoroso? Un chiquillo tiene penas como todo el mundo y se halla además completamente desarmado contra el dolor y la enfermedad. […]  Pero el niño extrae el principio mismo de su alegría del sentimiento de su propia impotencia. Confía en su madre. Presente, pasado, futuro, toda su vida, la vida entera, se encierra en una sola mirada y esa mirada es una sonrisa. […]

    La Iglesia habría dado a los hombres esa especie de seguridad soberana. No obstante cada cual hubiera tenido también su parte de contrariedades. El hambre, la sed, la pobreza, los celos… Nunca hubiéramos hecho acopio de suficiente fortaleza para meternos al diablo en el bolsillo. Pero el hombre se sabría hijo de Dios… (más…)

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