Textos Maior

  • Simple marinero

    «Llamadme Ismael. Hace algunos años, cuando me encontraba con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y nada especial que me interesara en tierra, se me ocurrió ponerme a navegar, con el fin de conocer los mares del globo terráqueo. Siempre que empiezo a sentir que un rictus sombrío me contrae los labios, que los ojos se me nublan y que la melancolía se apodera de mi alma, creo llegado el momento de hacerme a la mar lo más aprisa posible. […] Lo que no significa que se me ocurra navegar nunca como pasajero. Porque, para navegar como tal, es preciso tener bolsa, y ¿qué es la bolsa más que un trapo, a menos que vaya repleta? No; jamás voy de pasajero, ni de comodoro, ni de capitán, ni de cocinero. […] No, cuando yo me embarco, lo hago como simple marinero, como marinero raso, de esos que viven en lo más profundo del castillo de proa y que gatean a los mástiles cuando la maniobra lo requiere.

    No niego que ello implica verse zarandeado de un lado para otro y tener que saltar de mástil en mástil como un saltamontes (más…)

  • La verdad del mundo

    «Hablar de la verdad no es sólo plantearse la cuestión de su existencia y quizá responderla afirmativamente. […] En el supuesto caso de que, no importa por qué camino, se ofrezca una solución satisfactoria a esa cuestión y la razón llegue a la convicción de que existe algo como verdad, […] ¿se dará entonces por satisfecha? ¿no se percatará más bien de que sólo entonces comienza la parte más fructífera de su tarea? […]

    La cuestión de si existe la verdad en general puede parecerse a la primera conversación entre un joven y una muchacha cuyo resultado fue esta certeza: ella me ama. Pero sería un extraño enamorado el que se diera por satisfecho con la comprobación de este hecho y no lo convirtiera, como a una puerta que de golpe se abre, en el punto de partida de una vida de amor que se inicia. […] Tras cada respuesta se abre una nueva pregunta, y tras cada certidumbre una nueva y más amplia perspectiva». (más…)

  • Amar y dejarse amar

    «Yo ponía uno de sus discos preferidos y le decía: “Cariño, ¿sabes lo feliz que soy contigo? Esas palabras la colmaban y se abandonaba tiernamente en mis brazos. Pero nunca duraba mucho. Pronto volvía a su inquietud: “No me lo dirás sólo para contentarme, ¿verdad?”. No se atrevía a ser feliz. No creía merecer el amor que yo sentía por ella. […]

    A menudo, en presencia de un cristiano que en la oración no se atreve a ser feliz junto a Dios -¡y hay muchos!- me entra la tentación de contarle las confidencias de este amigo y decirle: “Esa mujer eres tú”. Como ella, no te atreves a ser feliz cuando tienes todas las razones para serlo. Dios todopoderoso, tu creador, el creador de todas las cosas, te ama con un amor divino, es decir, infinito, y te ama desde toda la eternidad, y te ama personalmente; es cierto que desea que seas santo, pero, mientras lo espera, te ama tal como eres. En todo momento te mira con una infinita ternura. (más…)

  • Dios no obra “como si”

    Dios no obra “como si”: como si fuera humilde y pobre y un niño. Sino que éste es su misterio: su riqueza consiste en un amor eterno que se regala sin reservarse nada; y su poder, en la posibilidad de regalar igualmente poder y libertad a otros seres, sobre los que no quiere predominar, a no ser por la impotencia de su cruz. […]
    Y podemos preguntarnos: ¿existe un Dios que sea más misterioso e incomprensible que el Dios de los cristianos, precisamente por no ser un Dios lejano, sino uno cercano, un Dios al que no se lo debe buscar sobre las nubes y adorar a una distancia irrevocable, sino el Dios que como un hombre, aún más, siendo un hombre, se relaciona con nosotros y, haciéndolo, no deja de ser el Dios verdadero, totalmente-Otro, eterno, inmortal y omnipotente? Por el misterio de Navidad este Dios no ha perdido (más…)

  • Nuestros corazones han palpitado

    «“Tú sufres Barioná”. (Barioná se encoge de hombros). […]

    Es verdad que somos muy viejos y muy sabios, y que conocemos todo el mal de la tierra. Sin embargo, cuando hemos visto esa estrella en el cielo, nuestros corazones han palpitado con una alegría como la de los niños. Nos hicimos como niños y nos pusimos en camino porque queríamos cumplir con nuestro deber de hombres, que es esperar. […]

    Has considerado tu dolor con amargura diciéndote: estoy herido de muerte. Y querías tumbarte sobre tu costado y consumir el resto de tu vida en la meditación de la injusticia que se te había hecho. […] El sufrimiento es una cosa natural y corriente y conviene aceptarla como algo que nos fuese debido. Es malsano hablar demasiado de él, aunque sea con uno mismo. Ponte en regla con él lo antes posible […]. No pienses nada sobre él, sino que está ahí, como (más…)

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