Textos Maior

  • No se distinguen de los demás hombres

    «Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su estilo de vida no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan una enseñanza basada en autoridad de hombres.

    Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de otro tipo de vida […]. Habitan (más…)

  • El tiempo

    «El niño tiene tiempo, un tiempo incalculable, no acaparado avaramente, sino recibido y aceptado en paz e “indiferencia” que dejan ser. Tiempo para jugar. Tiempo para dormir. El niño no sabe de agendas, en las que de antemano se ha vendido cada minuto. Cuando Pablo nos exhorta a “redimir o rescatar el tiempo” (Co 4,5; Ef 5,16), probablemente entiende todo lo contrario, es decir, no despilfarrar las horas y los días como mercancía barata, sino vivir ahora el tiempo regalado en su plenitud, donde no se trata ni de “gozar” ni de “usar”, sino únicamente de aceptar agradecidamente el cáliz pleno que se nos ofrece.

    El instante es pleno, porque en él se concentra sin esfuerzo todo el tiempo: en él se recoge y eleva tanto el recuerdo de haber-ya-recibido como la esperanza de recibir ahora más tiempo. Por eso, el niño no se (más…)

  • Simple marinero

    «Llamadme Ismael. Hace algunos años, cuando me encontraba con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y nada especial que me interesara en tierra, se me ocurrió ponerme a navegar, con el fin de conocer los mares del globo terráqueo. Siempre que empiezo a sentir que un rictus sombrío me contrae los labios, que los ojos se me nublan y que la melancolía se apodera de mi alma, creo llegado el momento de hacerme a la mar lo más aprisa posible. […] Lo que no significa que se me ocurra navegar nunca como pasajero. Porque, para navegar como tal, es preciso tener bolsa, y ¿qué es la bolsa más que un trapo, a menos que vaya repleta? No; jamás voy de pasajero, ni de comodoro, ni de capitán, ni de cocinero. […] No, cuando yo me embarco, lo hago como simple marinero, como marinero raso, de esos que viven en lo más profundo del castillo de proa y que gatean a los mástiles cuando la maniobra lo requiere.

    No niego que ello implica verse zarandeado de un lado para otro y tener que saltar de mástil en mástil como un saltamontes (más…)

  • La verdad del mundo

    «Hablar de la verdad no es sólo plantearse la cuestión de su existencia y quizá responderla afirmativamente. […] En el supuesto caso de que, no importa por qué camino, se ofrezca una solución satisfactoria a esa cuestión y la razón llegue a la convicción de que existe algo como verdad, […] ¿se dará entonces por satisfecha? ¿no se percatará más bien de que sólo entonces comienza la parte más fructífera de su tarea? […]

    La cuestión de si existe la verdad en general puede parecerse a la primera conversación entre un joven y una muchacha cuyo resultado fue esta certeza: ella me ama. Pero sería un extraño enamorado el que se diera por satisfecho con la comprobación de este hecho y no lo convirtiera, como a una puerta que de golpe se abre, en el punto de partida de una vida de amor que se inicia. […] Tras cada respuesta se abre una nueva pregunta, y tras cada certidumbre una nueva y más amplia perspectiva». (más…)

  • Amar y dejarse amar

    «Yo ponía uno de sus discos preferidos y le decía: “Cariño, ¿sabes lo feliz que soy contigo? Esas palabras la colmaban y se abandonaba tiernamente en mis brazos. Pero nunca duraba mucho. Pronto volvía a su inquietud: “No me lo dirás sólo para contentarme, ¿verdad?”. No se atrevía a ser feliz. No creía merecer el amor que yo sentía por ella. […]

    A menudo, en presencia de un cristiano que en la oración no se atreve a ser feliz junto a Dios -¡y hay muchos!- me entra la tentación de contarle las confidencias de este amigo y decirle: “Esa mujer eres tú”. Como ella, no te atreves a ser feliz cuando tienes todas las razones para serlo. Dios todopoderoso, tu creador, el creador de todas las cosas, te ama con un amor divino, es decir, infinito, y te ama desde toda la eternidad, y te ama personalmente; es cierto que desea que seas santo, pero, mientras lo espera, te ama tal como eres. En todo momento te mira con una infinita ternura. (más…)

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