Textos Maior

  • Hacer sitio

    «Ahora comprendo que no prestaba la debida atención a lo que miraba. Me interesaba muchísimo lo que el cuadro representaba, y casi nada lo que el cuadro era. Todo lo que quería era extraer de él estímulos para que mis emociones y mi imaginación pudieran aplicarse a los objetos representados. […] Se requiere el procedimiento inverso. No debemos soltar nuestra propia subjetividad sobre los cuadros haciendo de éstos su vehículo. Debemos empezar por dejar a un lado, en lo posible, nuestros prejuicios, nuestros intereses y nuestras asociaciones mentales. Debemos hacer sitio para el Marte y Venus de Botticelli, o para la Crucifixión de Cimabue, despojándonos de nuestras propias imágenes. Después de este esfuerzo negativo, el positivo. Debemos usar nuestros ojos. Debemos mirar y seguir mirando hasta que hayamos visto exactamente lo que tenemos delante. […] Lo primero que exige toda obra de arte es una entrega.

    Mirar. Escuchar. Recibir. Apartarse uno mismo del camino. (No vale preguntarse primero si la obra que se tiene delante merece esa entrega, porque (más…)

  • No se distinguen de los demás hombres

    «Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su estilo de vida no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan una enseñanza basada en autoridad de hombres.

    Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de otro tipo de vida […]. Habitan (más…)

  • El tiempo

    «El niño tiene tiempo, un tiempo incalculable, no acaparado avaramente, sino recibido y aceptado en paz e “indiferencia” que dejan ser. Tiempo para jugar. Tiempo para dormir. El niño no sabe de agendas, en las que de antemano se ha vendido cada minuto. Cuando Pablo nos exhorta a “redimir o rescatar el tiempo” (Co 4,5; Ef 5,16), probablemente entiende todo lo contrario, es decir, no despilfarrar las horas y los días como mercancía barata, sino vivir ahora el tiempo regalado en su plenitud, donde no se trata ni de “gozar” ni de “usar”, sino únicamente de aceptar agradecidamente el cáliz pleno que se nos ofrece.

    El instante es pleno, porque en él se concentra sin esfuerzo todo el tiempo: en él se recoge y eleva tanto el recuerdo de haber-ya-recibido como la esperanza de recibir ahora más tiempo. Por eso, el niño no se (más…)

  • Simple marinero

    «Llamadme Ismael. Hace algunos años, cuando me encontraba con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y nada especial que me interesara en tierra, se me ocurrió ponerme a navegar, con el fin de conocer los mares del globo terráqueo. Siempre que empiezo a sentir que un rictus sombrío me contrae los labios, que los ojos se me nublan y que la melancolía se apodera de mi alma, creo llegado el momento de hacerme a la mar lo más aprisa posible. […] Lo que no significa que se me ocurra navegar nunca como pasajero. Porque, para navegar como tal, es preciso tener bolsa, y ¿qué es la bolsa más que un trapo, a menos que vaya repleta? No; jamás voy de pasajero, ni de comodoro, ni de capitán, ni de cocinero. […] No, cuando yo me embarco, lo hago como simple marinero, como marinero raso, de esos que viven en lo más profundo del castillo de proa y que gatean a los mástiles cuando la maniobra lo requiere.

    No niego que ello implica verse zarandeado de un lado para otro y tener que saltar de mástil en mástil como un saltamontes (más…)

  • La verdad del mundo

    «Hablar de la verdad no es sólo plantearse la cuestión de su existencia y quizá responderla afirmativamente. […] En el supuesto caso de que, no importa por qué camino, se ofrezca una solución satisfactoria a esa cuestión y la razón llegue a la convicción de que existe algo como verdad, […] ¿se dará entonces por satisfecha? ¿no se percatará más bien de que sólo entonces comienza la parte más fructífera de su tarea? […]

    La cuestión de si existe la verdad en general puede parecerse a la primera conversación entre un joven y una muchacha cuyo resultado fue esta certeza: ella me ama. Pero sería un extraño enamorado el que se diera por satisfecho con la comprobación de este hecho y no lo convirtiera, como a una puerta que de golpe se abre, en el punto de partida de una vida de amor que se inicia. […] Tras cada respuesta se abre una nueva pregunta, y tras cada certidumbre una nueva y más amplia perspectiva». (más…)

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