• Confirmado, mediante la fuerza de la propia palabra

    «En todo acontecimiento que no pertenece a su destino y que en su desarrollo implica la libertad y el deseo, suele el hombre buscar una solución o una vía de escape, y, frecuentemente, también una justificación –si bien la salida siempre está más a mano que la justificación-. El hombre intenta dilucidar qué es lo que podría hacer para mejorar su situación, para tener una existencia más satisfactoria, más exitosa. Solo cuando el éxito no se produce en la medida de lo deseado, él busca las causas del fracaso. Es entonces cuando se le plantea la pregunta acerca del estado de su propia vida. Intenta entender y justificar su situación, por lo que debe, quizá, reconocer que las circunstancias lo superan, que nada puede hacer para cambiar su situación, pues debe luchar contra poderes superiores a él mismo. Y sin embargo, en el momento preciso en que, justificándose, llega a la conclusión de que es inocente, suele nacer a menudo su inquietud más profunda y la intuición de una falta oculta.

    Por lo general, el hombre no es capaz de llevar a buen término, por sí mismo, el análisis de su propio destino. Necesita intercambio con otra persona. Y lo busca, pero no tanto para escuchar lo que el otro tiene que decirle –el otro es raramente capaz de iluminar la situación satisfactoriamente– sino, más bien, para tener una ocasión para expresar exactamente lo que lo oprime. Quizá, ante todo, para ser confirmado, mediante la fuerza de la propia palabra, en la misma posición personal. Como si lo expresado adquiriese una definitiva justeza por la fuerza misteriosa de la formulación; como si él, por haberse descrito, estuviese salvado; como si su situación quedase enmarcada y consolidada por las palabras que pronuncia y al mismo tiempo escucha. Y aunque la palabra no cambie para nada la situación, le proporciona, sin embargo, el alivio fundado en el hecho que todo está en orden, en la necesidad del “ser así y no de otra manera”».

    Ad Speyr, La confesión. La santa misa. Palabras de la cruz y sacramentos,

    Fundación San Juan, 2004, p.13-14

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