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  • El arte de las versiones (Final)

    La traducción de “El Gran Teatro del Mundo” de Calderón de la Barca, por Hans Urs von Balthasar

    Como hemos visto anteriormente, Balthasar, en su versión alemana de El Gran Teatro del mundo, ha introducido ciertos pasajes que evocan unos cuantos motivos esenciales de la visión global de Calderón, que no siendo presentes en este autosacramental, se encuentran sin embargo en otras obras que el espectador medio nunca llegaría a leer. Así consigue dar al hombre de hoy una idea bastante completa de la visión de conjunto del dramaturgo.

    Por ejemplo, en el discurso del Autor al alma que hará de mendigo, ha puesto algunos versos que mencionan dos temas casi ausentes del drama, los del hombre imagen de Dios y de Cristo mediador: si el pobre hace bien su papel, dice el Autor, «es una imagen de mí, / De mí, el más alto, que como hombre se desloma, / El más libre, que se ata a la cruz, / El más vidente, que se torna ciego en la noche, / Solo tú interpretas eso».

    El tono general ha sido también ligeramente modulado para adaptarlo al de nuestro tiempo. Se puede percibir algo de la diferencia de tono entre la época de Calderón y la nuestra, mirando simplemente a dos iglesias significativas de Madrid: el templo barroco de San Antón de los Alemanes y el otro contemporáneo de N.S. del Rosario en la calle Conde Peñalver. El mismo misterio de la fe, que se quiso expresar en el primero con exuberancia de frescos, se manifiesta en el segundo por una nuda cruz, elevada delante de una gran pared uniforme e iluminada desde arriba por la luz del día. De manera parecida, el texto de Calderón es una maravilla de brío barroco, mientras que Balthasar, a veces, corta y se centra en lo esencial, como en la escena en la cual el Mundo le pregunta a la Belleza: “Dónde está tu beldad, la gentileza / Que te presté? Volvérmela procura. – Toda la consumió la sepultura. Allí dejé matices y colores…” y siguen siete versos en anáfora: allí perdí… / allí desvanecí… etc.  que describen todo lo que le ha consumido la sepultura (v. 1324-1334). Esta fuerza destructora de la muerte, expresada barrocamente por un listado arrebatador, Balthasar la expresa con un tajante verso único: “Du findest nichts mehr. Alles sank ins Grab!” [No hallas nada más. Todo se sumergió en la tumba].

    Todos los cambios listados a lo largo de estos tres boletines muestran que una versión es algo más que una transposición, es una obra original, fruto de un auténtico arte, y que puede aún tener sus momentos de genialidad. Citamos, para concluir, uno de estos caso, donde el traductor ha transformado cuatro octosílabos con ritmo trocaico (o sea con acentos en las sílabas impares subrayadas) y rimas asonantes: “En efecto, en el teatro / Sola me he quedado yo. Siempre lo que permanece / Más en mí es la religión,”: en estos dos hermosos endecasílabos con ritmo yámbico (acentos en las sílabas pares subrayadas) y rimas perfectas:“So stehe ich denn allein auf dem Theater. Am längsten dauert stets Ecclesia Mater”.

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