• Primacía de lo “inútil”

    “Las relaciones familiares consisten sobre todo en dar y recibir vida, en la integración plena de todas las dimensiones de la vida. Lo esencial de esta vida y de estas relaciones es que ocupan un tiempo real, un espacio real. Requieren en el nivel más básico apertura paciente, “contemplativa”, al otro como otro; compromiso perseverante, presencia constante de cada uno en el otro, sobre todo en épocas de alegría o sufrimiento intensos; atención a los detalles; cuidado especial en momentos críticos de dependencia y  vulnerabilidad (…) profundo sentido de la gratitud y de la humildad, de la primacía de lo “inútil” (p.e., el juego, la belleza): en resumen, un estilo de vida gobernado sobre todo por una conciencia de la realidad (familiar) como algo esencialmente generoso y relacional.

    El significado de todo esto se puede explicar sencillamente aunque de modo parcial con el hecho de guisar una comida. Una comida que verdaderamente está “hecha en casa”, en cuanto distinta de la “comprada en la tienda” comienza partiendo de cero e implica un sentido diferente del tiempo, del espacio, de la materia y del movimiento. Tomarse tiempo para preparar la comida se percibe básicamente no como pérdida, sino como condición necesaria para lograr una comida de calidad: una comida que esté atenta a los gustos y deseos personales de esa comunidad única -pequeña y local- y especialmente a las exigencias de salud de los miembros más débiles de esa comunidad. En este contexto, la atención paciente a los detalles no sólo no es indiferente, sino que lo es todo: es la condición para elaborar una comida en su integridad. En resumen, un alimento cocinado en casa, representa en sí mismo una economía que reconoce los valores de la economía moderna (p.e. los aspectos financieros), pero a la vez los integra dentro de la realidad más profunda y comprensiva de la comida como don.

    (…) El amor que corresponde a las familias, es decir, la vida que constituye la communio personarun familiar, genera un sentido nuevo y característico del lugar y, naturalmente, de la estructura institucional: transforma el espacio, el tiempo., la materia y el movimiento- lo que verdaderamente son “cosas” u “objetos materiales”- en los cuales y a través de ellos se ejercita el amor personal-familiar”.

    D. L. SCHINDER, La carencia de hogar y la condición moderna. Communio, 2001, nº1

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