Author Archives: Irene Martín

  • Tu aventura

    «–Lo acepto, lo acepto de corazón. Pero a veces es tan difícil…

    –Confía. Él te mostrará el camino.

    –Sabes cómo ha sido mi vida; te lo he contado. Cuando iba camino de Cluny con el abad Mayolo, antes de que nos apresaran, creía que el final de mi viaje estaba próximo; intuía con tanta claridad que mis penalidades iban a terminar… Y, ya ves, mi peregrinación continúa aún…

    La vida del hombre sólo cobra sentido en el futuro –sentenció el sabio Jacomo–. Y el futuro pertenece únicamente a Dios. En el mundo todo se tambalea y todo cambia. El hombre es inconstante y voluble como pluma al viento, nada es estable, nada es fijo, nada permanece; y en un mundo de inseguridad e inconstancia… Sólo Dios es roca. Él permanece cuando todo pasa. Él es firme, fijo, eterno. Él es el único que podrá darte seguridad en cualquier lugar donde estés; aquí o en tu lejana tierra. Sólo en Él podrás encontrar refugio, sentirte seguro y hallar paz. Él es tu roca.

    –Sí –asintió Asbag–, pero yo soy el inseguro. Ésa es mi mayor prueba: que yo mismo no estoy firme. Soy un manojo de dudas. Dudo y (más…)

  • Más allá de nuestros esquemas

    «¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez.

    […]    La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, (más…)

  • Poder dejar

    «Hay una contradicción esencial que consiste en que el hombre quiere e incluso debe realizar algo imperecedero en lo transitorio. La contradicción no sólo no puede ser eliminada ni superada, sino que ella posee una necesidad paradójica, incluso una fecundidad paradójica […]

    Precisamente porque mi plazo de tiempo es finito, en el tiempo finito yo debo y también puedo configurar algo de lo cual me hago plenamente responsable. Si todo se extendiera indefinidamente perdiéndose en el horizonte, entonces yo podría una y otra vez revocar cada una de mis decisiones, todo sería reversible, todo giraría en círculo. […]

    El joven que tiene ante sus ojos miles de posibilidades para realizar su vida debe elegir: ¿Por qué motivo he de renunciar a mis miles de posibilidades, si la cosa se pone seria? ¿para qué sacrificar mi todopoderosa libertad, ahora que está llegando la hora de realizar lo único necesario? […] Él comprende instintivamente que en la elección de una realidad en lugar de miles de posibilidades radica no sólo la seriedad sino la dignidad de la vida. (más…)

  • Post Image

    Madre Coraje y sus hijos

    El Centro Dramático Nacional nos ofrece esta obra que escribió Bertolt Brecht durante un exilio de cinco semanas en Suecia, escapando de la Alemania nazi, y con la que alcanzó el nivel del gran teatro. Como los héroes trágicos, Madre Coraje no especula ni se lamenta ni protesta. Sólo lucha, valientemente, el destino que le ha tocado. (más…)

  • Nuestros hermanos mayores

    «Pero he aquí un espectáculo digno de que un dios ensimismado en su obra dirija su mirada hacia él; he aquí algo parecido a un dios: un hombre forzudo en lucha con su nefasto destino, sobre todo cuando él mismo lo ha provocado», en estas palabras de Séneca nos asomamos a lo que fue la tragedia para los griegos. Nuestros hermanos mayores estrenaron el teatro con un género que, curiosamente, hoy nos resulta muy difícil.

    Tuvieron la valentía de mostrar a los dioses lo que eran, lo que sufrían, sus límites. La tragedia que supone descubrir un orden bello entorno de nosotros y, sin embargo, encontrar el fracaso en nuestras propia existencia. Esperar que de mi esfuerzo, de mi piedad a los dioses se derive el éxito, y encontrar, por el contrario, la ruina, quizá por aquella maldición que pesaba sobre ellos, como una culpa antigua, que venía de generaciones anteriores. Y el héroe, aquél que es capaz de abrazar con valentía su destino, moría trágicamente, pero valientemente, afrontando su destino sin posibilidad alguna de reconciliación con ese cosmos bello, grandioso.

    Porque no sólo no escondieron sus tragedias, las mostraron con elegancia, sin acritud, melodrama ni autocompasión. Mantuvieron su sí a la existencia pese a todo. En palabras de Hans Urs von Balthasar: “Ésta es la fuerza inconcebible del corazón griego: que tanto a la luz como a la oscuridad de lo absoluto dice sí a esta existencia. Un sí sosegado, que ha sopesado detenidamente todos los fundamentos para el no, para trascenderlos a pesar de todo». Verdaderamente se entiende que Aristóteles encontrara una palabra para definir lo que experimenta el espectador cuando se enfrenta a esto. Catarsis es una purificación interior, porque nos acercamos a un mundo grande, noble.

    En nuestro mundo de hoy seguimos viviendo tragedias. Luchamos, y fracasamos. Creemos acertar, y nos equivocamos. Tenemos certezas, éxitos, seguridades, pero no son suficientes. Tampoco Jesucristo tuvo salida. El Hijo clamó mientras el amor del Padre todopoderoso había renunciado a la posibilidad de responder al Hijo que estaba abandonado en la cruz y clamaba hacia él: de nuevo, el misterio de una culpa incomprensible pero omnipresente entre cielo y tierra. La tragedia no se ha dulcificado. Quizá se haya agudizado: aquí, a diferencia de la tragedia antigua, no se enfrentan sólo la libertad humana y la divina, pues el Hijo es Dios y hombre a la vez. La Encarnación del Verbo y su redención de los hombres supera cualquier tragedia humana antes experimentada.

    Mientras la nobleza íntima de determinados hombres (que revela la nobleza del hombre en general) sea conocida y reconocida, sigue siendo posible la tragedia. Pero, nos dice Balthasar, “ni la burguesía preocupada por el bienestar terreno ni el socialismo que sueña con un futuro a construir (y el futuro no es trágico) son capaces de crear la tragedia”. Tania Blixen lo plantea en el año 1968 con otras palabras: “Veo dentro de cien años una sociedad como la nuestra delante de mí… volarán hasta la luna, pero ninguno de ellos será capaz de escribir una tragedia aunque se tratase de su vida”. Quizá porque no podríamos superar a nuestros hermanos mayores. Por suerte aún podemos disfrutar de sus tragedias.

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