Textos Maior

  • Todos los días parecen lo mismo, pero no lo son

    «Tiene razón. Lo que importa (al hacernos ir veinte veces al mismo sitio, que es generalmente un sitio de decepción terrestre), lo que importa no es ir aquí o allá, no es ir a alguna parte llegar a alguna parte terrestre. Es ir. Ir siempre, y (al contrario) no llegar. Es ir a poquitos en la pequeña procesión de los días ordinarios […] Lo que importa es ir. Ir siempre. Lo que cuenta. Y cómo se va. Es el camino que se hace. Es el trayecto mismo. […]

    Porque esas veinte veces que hemos hecho el mismo camino en la tierra, para la sabiduría humana son veinte veces que se redoblan, que se recomienzan, que son la misma, que son veinte veces vanas, que se superponen, porque conducen por el mismo camino al mismo sitio, porque era el mismo camino. Pero para la sabiduría de Dios nada es nunca nada. Todo es nuevo. Todo es otro. Todo es diferente. […] (más…)

  • La apretó contra su pecho

    «¡Qué delicioso resultaba llegar a aquel refugio desde la oscuridad y el miedo de donde venía! Aquella luz tamizada y suave provocaba en ella la ilusión de estar entrando en el corazón de una perla nacarada. Además las paredes pintadas de azul con estrellitas plateadas prolongaban el espejismo, como si en realidad se tratara del mismo cielo que acababa de dejar afuera racheado de nubes de lluvia.

    –He encendido un fuego para ti. Tienes frío y estás mojada –dijo su abuela. […]

    El asombro y la admiración tenían tan aturdida a la princesa que no podía ni dar las gracias (más…)

  • ¿Qué impide saltar de alegría a tu corazón?

    «Nos encontrábamos ya bajo la luz del sol… El abundante rocío daba a la hierba el resplandor de una joya… A derecha e izquierda, y a nuestra espalda, aquel mundo de colinas de todos los colores se elevaba más y más hacia el cielo, dejando ver a lo lejos, un resquicio de aquello que llamamos mar (aunque no pueda compararse con el Gran Mar de los griegos). Se oía un canto de alondras, y, por lo demás, reinaba una calma antigua y colosal.

    Y he aquí el combate que me tocaba librar. […] Tentándome como en un jugueteo insolente, oía una especie de voz expresarse sin palabras, algo que si hubiera podido reducirse a palabras habría dicho: “¿Qué razón impide saltar de alegría a tu corazón?”… Tuve que recitarme, (más…)

  • Simplemente estaba allí

    La manera en que sabía escuchar Momo era única.[…] No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él.

    Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería. O los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, (más…)

  • Dejar de buscarse

    «“Convertirse” significa: seguir a Jesús, acompañarle, caminar tras sus pasos. Pero insistamos en el hecho de que es Dios el que nos convierte. […]

    “Convertirse”, quiere decir: no buscar el éxito, no correr tras el prestigio y la propia posición. “Conver-sión” significa: renunciar a construir la propia imagen, no esforzarse por hacer de sí mismo un monumento, que acaba siendo con frecuencia un falso Dios. “Convertirse” quiere decir: aceptar los sufrimientos de la verdad.

    La conversión exige que la verdad, la fe y el amor lleguen a ser más importantes que el bienestar, el éxito, el prestigio y la tranquilidad de nuestra existencia; y esto no sólo de una manera abstracta, sino en nuestra realidad cotidiana y en las cosas más insignificantes. De hecho, el éxito, el prestigio, la tranquilidad y la comodidad son los falsos dioses que más impiden la verdad y el verdadero progreso en la vida personal y social. Cuando aceptamos esta primacía de la verdad, seguimos al Señor, cargamos con nuestra cruz y participamos en la cultura del amor, que es la cultura de la cruz. […] (más…)

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