Textos Maior

  • ¿Dónde está la trampa?

    «¿Dónde está la trampa de todo esto? En que lo educativo no es sobreproteger, sino ayudar a que las personas afronten y comprendan que los actos tienen consecuencias, positivas y a veces negativas. Y que aprendan a procesar y lidiar con dichas consecuencias, incluso cuando éstas suponen trastorno o malestar. No ayudamos en nada a los jóvenes rodeándolos de una burbuja protectora. Porque en la vida adulta dicha burbuja no va a estar, y es mejor aprender a ser consecuente en lo pequeño, para serlo también después en lo grande.

    Esta desaparición de la responsabilidad y esta forma de sortear situaciones exigentes, al final lo que provoca es que las personas no sepan afrontar ni el error ni el fracaso. Pero ambas experiencias terminan llegando algunas veces en la vida. Para cualquiera resulta más fácil compartir las victorias que las derrotas, el júbilo que la tristeza y el acierto que el error. Pero si uno nunca se ha preparado para afrontar sus sombras, el fracaso es mucho más desconcertante. Y es que, si toda la vida has tenido a alguien a quien culpar por lo que no sale bien, alguien en quien descargar las consecuencias de las equivocaciones y a quien poner de escudo cuando deberías hacerte responsable de tus errores, el momento en que ya no hay nadie sobre quien puedas descargar dicha responsabilidad es un instante muy solitario. Tanto que mucha gente es incapaz de procesar el fracaso como parte del camino y, en lugar de seguir avanzando, se queda atascada, moviéndose en círculo hacia ninguna parte, y lamiéndose las heridas sin ser capaz de salir de un bucle de autocompasión o reproches».

    José María R. Olaizola, Bailar con la soledad, Ed. Sal Terrae, p. 60-61.

  • Un solo hilo conductor

    «Un aspecto característico presente en la vocación del rey David es su alma de poeta. […] La cítara lo acompañará siempre: a veces para elevar a Dios un himno de alegría (cf. 2 Samuel 6,16), otras veces para expresar un lamento o para confesar su propio pecado (cf. Salmos 51,3).

    El mundo que se presenta ante sus ojos no es una escena muda: su mirada capta, detrás del desarrollo de las cosas, un misterio más grande. La oración nace precisamente de allí: de la convicción de que la vida no es algo que nos resbala, sino que es un misterio asombroso, que en nosotros provoca la poesía, la música, la gratitud, la alabanza o el lamento, la súplica. […]

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  • Un camino impredecible

    «Asbag despertó presintiendo que era ya por la mañana. El aposento que le habían asignado era pequeño y confortable, en el interior de la fortaleza, de manera que ningún rayo de luz exterior podía indicar el amanecer. “¡Hoy mismo estaremos en Santiago!”, pensó el obispo, y se regocijó entre las mantas saboreando la proximidad de la ansiada meta. Recordó las vicisitudes que se habían sucedido desde el lejano día que decidió proyectar la peregrinación. Entonces acudieron a su memoria las palabras que el arquitecto Fayic le dijo cuando regresó de La Meca: “En la trama del mundo, la vida del hombre es como un sendero, una gran aventura, que supone un crecimiento hacia lo máximo del ser: una maduración, una unificación, pero al mismo tiempo paradas, crisis y disminuciones”. Sintió que, ciertamente, la vida era así, como un camino en pos del sentido último de las cosas; pero en todo caso un camino impredecible, con sus peligros, sus incertidumbres y sus retrasos, en el que el hombre tiene que abrirse paso, tomar decisiones por su cuenta y luchar batallas por su propio brazo. (más…)

  • Ese corazón se abriría paso

    Bienaventurados los mansos,
    … porque ellos poseerán la tierra.

    Ser manso es aceptar recibir en nosotros tu visita sin a priori, sin condicionamientos.
    Es ofrecerte un corazón tan liberado de costumbres y de preferencias,
    tan unido a tu voluntad, que tus gestos no encuentran en él resistencia.
    Porque lo que necesitas para realizar tu obra en la tierra
    no son tanto acciones sensacionales
    cuanto una cierta dosis de sumisión,
    un cierto grado de entrega,
    una cierta carga de ciego abandono,
    en cualquier lugar
    entre la multitud de los hombres.
    Y si en un solo corazón se encontrasen reunidas esta carga de abandono, esta sumisión, esta entrega,
    la faz del mundo cambiaría sin duda.
    Pues este corazón único se abriría paso,
    sería la brecha de la invasión, el punto vulnerable en el que capitularía la rebelión universal.

    Un corazón manso no se hace con facilidad.
    Se hace (más…)

  • Sólo que le miréis

    «No os pido que penséis en Él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones: no os pido sino que le miréis… Pues Él no deja nunca de mirarnos… Mirad que no está aguardando otra cosa, sino que le miremos. […]

    Si estáis con trabajos o tristes, miradle en la columna […] o en la cruz. Que Él os mirará con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vais con Él a consolar y volvéis la cabeza para mirarle. (más…)

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