Textos Maior

  • Ese corazón se abriría paso

    Bienaventurados los mansos,
    … porque ellos poseerán la tierra.

    Ser manso es aceptar recibir en nosotros tu visita sin a priori, sin condicionamientos.
    Es ofrecerte un corazón tan liberado de costumbres y de preferencias,
    tan unido a tu voluntad, que tus gestos no encuentran en él resistencia.
    Porque lo que necesitas para realizar tu obra en la tierra
    no son tanto acciones sensacionales
    cuanto una cierta dosis de sumisión,
    un cierto grado de entrega,
    una cierta carga de ciego abandono,
    en cualquier lugar
    entre la multitud de los hombres.
    Y si en un solo corazón se encontrasen reunidas esta carga de abandono, esta sumisión, esta entrega,
    la faz del mundo cambiaría sin duda.
    Pues este corazón único se abriría paso,
    sería la brecha de la invasión, el punto vulnerable en el que capitularía la rebelión universal.

    Un corazón manso no se hace con facilidad.
    Se hace segundo a segundo, minuto a minuto, día a día.
    Como el hilo de lana blando y flexible teje punto a punto
    la labor sobre las agujas que le guían,
    también las fibras de nuestro corazón,
    bajo la influencia de nuestra voluntad,
    se suavizan y doblegan.
    En esta conversación en la que nuestro silencio recibe la palabra del otro,
    en la que nuestro pensamiento se inclina
    ante otros pensamientos,
    en esas cosas inertes que parecen querer contrariarnos:
    la pluma que escribe mal, ese calor que nos cansa, ese frío que nos entumece;
    en esos juicios sobre nosotros en los que nos cuesta reconocer nuestro semblante;
    en esos pequeños o grandes dolores
    que merodean en nuestro interior,
    a lo largo de los nervios,
    dejemos que se devane nuestra vida.
    Dejemos que los minutos se alarguen, uno tras otro, punto tras punto, en la red providencial con que envuelves todo lo tuyo».

    Madeleine Delbrêl, La alegría de creer, Sal Terrae, 53-54.

  • Sólo que le miréis

    «No os pido que penséis en Él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones: no os pido sino que le miréis… Pues Él no deja nunca de mirarnos… Mirad que no está aguardando otra cosa, sino que le miremos. […]

    Si estáis con trabajos o tristes, miradle en la columna […] o en la cruz. Que Él os mirará con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vais con Él a consolar y volvéis la cabeza para mirarle. (más…)

  • Lo esencial es justamente comenzar

    «Sabemos que nuestras tareas y deberes forman parte de un plan providen-cial del cual hemos de ser los operarios inteligentes y dóciles. Sabemos que a toda vocación individual o colectiva acompaña la gracia y que nada se nos pedirá más allá de nuestras fuerzas. Pero sólo podemos responder plenamente a la llamada que se nos hace cuando nos demos completamente, cuando estemos decididos a ir más allá de nuestro interés personal y nacional».

    Robert Schuman, «Est-il trop pour faire l’Europe?» Conferencia ante el Centre Catholique des Intellectuels Français, 29-1-1957).

     

    «Algunas personas lamentan que no hayamos afrontado de entrada el problema en su conjunto: (más…)

  • Tu aventura

    «–Lo acepto, lo acepto de corazón. Pero a veces es tan difícil…

    –Confía. Él te mostrará el camino.

    –Sabes cómo ha sido mi vida; te lo he contado. Cuando iba camino de Cluny con el abad Mayolo, antes de que nos apresaran, creía que el final de mi viaje estaba próximo; intuía con tanta claridad que mis penalidades iban a terminar… Y, ya ves, mi peregrinación continúa aún…

    La vida del hombre sólo cobra sentido en el futuro –sentenció el sabio Jacomo–. Y el futuro pertenece únicamente a Dios. En el mundo todo se tambalea y todo cambia. El hombre es inconstante y voluble como pluma al viento, nada es estable, nada es fijo, nada permanece; y en un mundo de inseguridad e inconstancia… Sólo Dios es roca. Él permanece cuando todo pasa. Él es firme, fijo, eterno. Él es el único que podrá darte seguridad en cualquier lugar donde estés; aquí o en tu lejana tierra. Sólo en Él podrás encontrar refugio, sentirte seguro y hallar paz. Él es tu roca.

    –Sí –asintió Asbag–, pero yo soy el inseguro. Ésa es mi mayor prueba: que yo mismo no estoy firme. Soy un manojo de dudas. Dudo y (más…)

  • Más allá de nuestros esquemas

    «¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez.

    […]    La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, (más…)

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