Textos Maior

  • ¿No son aplicables a la vida real?

    « […] Sé bien que dirán, una vez más, que el Sermón de la Montaña y el Bienaventurados los mansos, porque poseerán la tierra no son aplicables a la vida real de los hombres; sé que nos recordarán las duras realidades, las incomprensiones inevitables, las pasiones indestructibles, las concupiscencias malas; sé bien que se objetará la debilidad numérica e incluso las otras enfermedades más graves de estos Cristianos a quienes asignamos la tarea desmesurada de ser la sal de la tierra, el cimiento de las patrias, el alma de la unión humana.

    Pero, por fundadas que puedan ser, estas objeciones no deben desanimarnos; ¿deja de ser real lo que queda oculto por la niebla? Y si, en la tempestad, al lado de Cristo dormido y velado, nosotros nos agitamos en maniobras accesorias o en quejas vanas, es que, hombres de demasiada poca fe y de demasiada poca caridad, quisiéramos una Parusía inmediata, un éxito total en este mundo, desde mañana, desde hoy. Y todo lo que no realiza nuestras esperanzas terrestremente celestes nos parece un fracaso, casi traición, traición de los hombres, incluso de los “Sabios”, traición de Dios.

    Pero también es que no nos damos cuenta fácilmente y de buen grado del trabajo católico oculto que se opera alrededor nuestro, sin nosotros, a veces en apariencia en contra nuestra, incluso fuera de los marcos confesionales. Expuestos a ser engañados por etiquetas, como muchos otros, atentos a las insuficiencias del “prójimo” (que con frecuencia es para nosotros el lejano)… estamos tentados de menospreciar, casi de combatir estos intentos imperfectos, todo lo mejorables que sean. […]»

    Maurice Blondel, Patrias y humanidad, curso impartido en la Semaine Social de Francia de 1928.

    Extracto de los textos que se utilizarán en el Seminario «Los cristianos y la política» (enlace).

  • ¿Dónde está la trampa?

    «¿Dónde está la trampa de todo esto? En que lo educativo no es sobreproteger, sino ayudar a que las personas afronten y comprendan que los actos tienen consecuencias, positivas y a veces negativas. Y que aprendan a procesar y lidiar con dichas consecuencias, incluso cuando éstas suponen trastorno o malestar. No ayudamos en nada a los jóvenes rodeándolos de una burbuja protectora. Porque en la vida adulta dicha burbuja no va a estar, y es mejor aprender a ser consecuente en lo pequeño, para serlo también después en lo grande.

    Esta desaparición de la responsabilidad y esta forma de sortear situaciones exigentes, al final lo que (más…)

  • Un solo hilo conductor

    «Un aspecto característico presente en la vocación del rey David es su alma de poeta. […] La cítara lo acompañará siempre: a veces para elevar a Dios un himno de alegría (cf. 2 Samuel 6,16), otras veces para expresar un lamento o para confesar su propio pecado (cf. Salmos 51,3).

    El mundo que se presenta ante sus ojos no es una escena muda: su mirada capta, detrás del desarrollo de las cosas, un misterio más grande. La oración nace precisamente de allí: de la convicción de que la vida no es algo que nos resbala, sino que es un misterio asombroso, que en nosotros provoca la poesía, la música, la gratitud, la alabanza o el lamento, la súplica. […]

    (más…)

  • Un camino impredecible

    «Asbag despertó presintiendo que era ya por la mañana. El aposento que le habían asignado era pequeño y confortable, en el interior de la fortaleza, de manera que ningún rayo de luz exterior podía indicar el amanecer. “¡Hoy mismo estaremos en Santiago!”, pensó el obispo, y se regocijó entre las mantas saboreando la proximidad de la ansiada meta. Recordó las vicisitudes que se habían sucedido desde el lejano día que decidió proyectar la peregrinación. Entonces acudieron a su memoria las palabras que el arquitecto Fayic le dijo cuando regresó de La Meca: “En la trama del mundo, la vida del hombre es como un sendero, una gran aventura, que supone un crecimiento hacia lo máximo del ser: una maduración, una unificación, pero al mismo tiempo paradas, crisis y disminuciones”. Sintió que, ciertamente, la vida era así, como un camino en pos del sentido último de las cosas; pero en todo caso un camino impredecible, con sus peligros, sus incertidumbres y sus retrasos, en el que el hombre tiene que abrirse paso, tomar decisiones por su cuenta y luchar batallas por su propio brazo. (más…)

  • Ese corazón se abriría paso

    Bienaventurados los mansos,
    … porque ellos poseerán la tierra.

    Ser manso es aceptar recibir en nosotros tu visita sin a priori, sin condicionamientos.
    Es ofrecerte un corazón tan liberado de costumbres y de preferencias,
    tan unido a tu voluntad, que tus gestos no encuentran en él resistencia.
    Porque lo que necesitas para realizar tu obra en la tierra
    no son tanto acciones sensacionales
    cuanto una cierta dosis de sumisión,
    un cierto grado de entrega,
    una cierta carga de ciego abandono,
    en cualquier lugar
    entre la multitud de los hombres.
    Y si en un solo corazón se encontrasen reunidas esta carga de abandono, esta sumisión, esta entrega,
    la faz del mundo cambiaría sin duda.
    Pues este corazón único se abriría paso,
    sería la brecha de la invasión, el punto vulnerable en el que capitularía la rebelión universal.

    Un corazón manso no se hace con facilidad.
    Se hace (más…)

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