Textos Maior

  • El Aleluya

    «Ved qué alegría, hermanos míos; alegría en vosotros que os habéis congregado, alegría en cantar salmos e himnos, alegría en recordar la pasión y resurrección de Cristo, alegría en la esperanza de la vida futura. Si tanta alegría nos da esto que esperamos, ¿qué será cuando lo poseamos? ¡Mirad cómo se transforma el espíritu cuando en estos días escuchamos el Aleluya! ¿No es como si gustáramos un «no se qué», un algo de aquella ciudad celestial? Y si estos días nos infunden tan grande alegría, ¿qué sucederá aquél en que se nos diga: Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino (Mt 25,34); cuando todos los santos sean congregados en la unidad, cuando se encuentren allí quienes no se conocían de antes y se reconozcan quienes ya se conocían; allí donde la compañía será tal que nunca se perderá un amigo ni se temerá un enemigo? Henos, pues, proclamando el Aleluya; es cosa buena y alegre, llena de gozo, de placer y de suavidad. Con todo, si estuviéramos diciéndolo siempre, nos cansaríamos; pero como va asociado a cierta época del año, ¡con qué placer llega, con qué ansia de que vuelva, se va!

    ¿Acaso allí, de igual manera, habrá gozo y habrá cansancio? No lo habrá. Quizá diga alguien: “¿Cómo puede suceder que se hará siempre lo mismo y no se sentirá ningún cansancio?” Si logro mostrarte algo que esta vida nunca llega a cansar, has de creer que allí todo será así. Se cansa uno de un alimento, de una bebida, de un espectáculo; se cansa uno de esto y aquello, pero nunca se cansó nadie de la salud. Así, pues, como aquí, en esta carne mortal y frágil, en medio del tedio originado por la pesadez del cuerpo, nunca ha podido darse que alguien se cansara de la salud, de idéntica manera tampoco allí producirá cansancio la caridad, la inmortalidad, la eternidad».

    San Agustín. Antología de textos realizada por Hans Urs von Balthasar. El rostro de la Iglesia. F. Maior, Madrid, p. 150.

  • Lo esencial es justamente comenzar

    «Sabemos que nuestras tareas y deberes forman parte de un plan providen-cial del cual hemos de ser los operarios inteligentes y dóciles. Sabemos que a toda vocación individual o colectiva acompaña la gracia y que nada se nos pedirá más allá de nuestras fuerzas. Pero sólo podemos responder plenamente a la llamada que se nos hace cuando nos demos completamente, cuando estemos decididos a ir más allá de nuestro interés personal y nacional».

    Robert Schuman, «Est-il trop pour faire l’Europe?» Conferencia ante el Centre Catholique des Intellectuels Français, 29-1-1957).

    «Algunas personas lamentan que no hayamos afrontado de entrada el problema en su conjunto: hubieran preferido (más…)

  • Lo que acontece

    «Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones.

    La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. Parecen hacerse eco las ardientes palabras de Job que, ante la invitación de su esposa a rebelarse contra todo el mal que le sucedía, respondió: «Si (más…)

  • La descristianización de nuestra época

    «En mi opinión la descristianización de nuestra época procede mucho más del hedonismo y egoísmo de hombres y mujeres, incluso católicos, que de influencia oficial o sectaria de cualquier clase; tiene más origen derechista que izquierdista, será triste, pero es un hecho que tienen que afrontar los que se preocupan siempre por las “conspiraciones judeo-masónicas”» […] 

    «Vivimos en una sociedad dominada por el consumismo, con el único objetivo de satisfacción personal de cada individuo, ayudando a la prolongación máxima del tiempo de vida y máximo disfrute personal. Es el ideal actual, que aun diciendo lo contrario todos aceptan, izquierda y derecha, con algunas excepciones a veces solo aparentes. El consumo, que me parece el ideal de los liberales, y perdón por los que así se sientan, subordina todo al bienestar personal y a la exaltación de los derechos, en contra de la Doctrina de la Iglesia que promueve sacrificio y exige deberes».

    Ignacio Hernando de Larramendi y Montiano (1921-2001). Centenario de su nacimiento (web)

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  • El silencio

    «Con Madeleine comprendemos que ese espacio aquietado en medio de la vida no depende tanto de un silencio que sea ausencia de ruidos –puesto que no es posible vivir ese silenciamiento exterior en los dinamismos habituales de las grandes ciudades–, sino de un silencio de distinto orden que se convierte en la tierra firme de la inteligencia, del afecto y de la acción: “El silencio no es una culebra a la que el menor ruido hace huir; es un águila de fuertes alas que se encumbra dominante sobre el alboroto de la tierra, de los hombres, del viento” (NG, 84).

    “Es un silencio hecho de presencia capaz de alumbrar adentro un espacio desalojado donde recibir los rostros y las cosas en su profundidad, sin violentarlos, sin juzgarlos, respetándolos en lo que son, intentando captar en ellos las señales y susurros de la Vida: ¿Por qué el viento entre los pinos, (más…)

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