• Sentir la verdad del teatro (III)

    Descubre Konstantín Stanislavski, en su investigación sobre el verdadero proceso creativo, un primer síntoma de estar cercanos a él: en el arte dramático cuerpo y alma han de estar prodigiosamente disponibles para la tarea escénica: “Al principio apenas pude notar en mí mismo y en los demás que en el estado creativo desempeñaba un papel muy importante la libertad del cuerpo, la ausencia de toda tensión muscular y el completo sometimiento de todo el aparato físico a las órdenes que emanan de la voluntad del actor. Gracias a esta disciplina el actor puede expresar a través de su cuerpo todo lo que siente su alma.”

    Por otra parte, la atención del actor ha de estar lejos de su propio efecto sobre el público: “Comprendí la causa de la sensación de comodidad que había empezado a tener en escena; comprendí que, además de relajar mis músculos, los ejercicios que hacía apartaban mi atención de lo que pasaba más allá de las candilejas, en la sala. Al distraerme dejaba de temer al público y por unos minutos me olvidaba de que me encontraba en el escenario. Caí en la cuenta de que precisamente en aquellos minutos me sentía muy a gusto.”

    Al centrar la atención sobre la escena, el actor olvida su propia persona para dejar que aparezca el personaje y todo lo que a él le rodea: “Durante una función en la que actuaba una celebridad de visita en Moscú, yo seguía con la máxima atención el trabajo del gran intérprete. Comprendí que toda su atención estaba dirigida no a este lado de las candilejas, sino al otro lado, al suyo; que estaba ocupado, no con lo que pasaba en la sala repleta de público, sino con lo que ocurría en el escenario; y que precisamente esta atención reconcentrada sobre un mismo punto me obligaba a interesarme por su vida en escena, tiraba de mí hacia él, despertaba mi deseo de averiguar qué era lo que le ocupaba allí con tanta intensidad. En cuanto el actor deja de interesarse por la gente que llena la sala, ésta empieza a volverse hacia él, sobre todo si el actor se siente interesado por algo importante para él mismo.

    La dedicación de toda la persona, cuerpo y espíritu, a la tarea, fuera de cualquier atención a otro aspecto, como su imagen o sus propias preocupaciones, da al actor la libertad necesaria: “Mis observaciones me hicieron comprender (esto es, sentir), que la creación es, ante todo, la plena concentración de toda la naturaleza espiritual y física. Se apodera no solo de la vista y del oído, sino de los cinco sentidos del hombre. Se apodera, además, del cuerpo, del pensamiento, de la memoria y de la imaginación. Toda la naturaleza, todo el ser espiritual y físico ha de ser orientado, durante el proceso creador, hacia lo que pasa en el alma del personaje representado.

    Pero, ¿cómo debe ser entonces el alma del actor, para ser capaz de transparentar el alma de su personaje?

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